Mientras tanto nos dibujás en una fotografía dorada que escondés para que nadie (más) arruine, mientras tanto nos veo venir, no sé bien de qué lado de la calle, no sé bien en qué instante fue que nos dejamos entre realidades imposibles y vestigios del invierno. Tu poesía racional no es más que el pulso de la lluvia en verano, que la risa que nos prestamos por un rato justo antes de leer la advertencia diagramada sobre aquel amanecer.
Amanece, hoy, como casi siempre. ¿Y qué esperás?
Veo que no hay nada. Nada. No veo nada. Porque la humedad es niebla, y la habitación demasiado pequeña, quizás, y tu canción ocupa los espacios vacíos, me quiebra, sangra, me deja sin silencios. Los sueños se filtran entre las grietas de aquella pared, se escriben solos, caen velozmente despintando algún verde oxidado.
Y mis manos te buscan, porque mis ojos ya no entienden de amor, soledad, sueños, encierros, palabras. Porque mis ojos te ven ahí, esperando.
No despiertes hasta la última estación.
muy lindo reflejo señorita...
ResponderEliminarespero que ande bien...