Desde el anochecer en que tus acordes sean oídos por la calma desnuda de un horizonte cercano, se advertirá el viento blanco de emociones estáticas. Sabrás reconocer entre flores y vestigios de funerales el llamado inesperado de los aromas del olvido. Te vestirás de negro, como quien oculta imperfecciones opacas en romanticismos densos de peligros inventados. Te vestirás de negro, como el fin de cada era, de cada viaje y cada vuelo de violetas a tiempo. Te veré pasar, cuando mis palabras se manifiesten sobre un papiro azul, cuando mis palabras no te alcancen y voltees hacia aquel sonido constante, aquella luz que señala el alba divino, el renacimiento dorado, y tu voz no será sino la ausencia de heladas perfectas, de rocío de verano, tu voz como defecto entregado al azar, al silencio que se desangra entre penumbras vírgenes. Cuando mis palabras no te alcancen serán el sonido de la estrella por la quietud permanente.