Mi amor, sos vos, y el día del rayo de luz y no hubo lluvia sino colores - sin grietas-, nebulosa danzante de las siete lunas en un beso y un vaso de cerveza oscura. La calidez del mundo nos abrazó sin decir de más, casi sin querer nos adoramos en la plenitud de un alguna madrugada y dejamos ser la brisa y el olvido. Entendí el espacio entre el beso y el suspiro y contemplarte, como a un mar calmo y cristalino cuyos destellos me abrazan, imponentes, para nunca dejarme ir.