Si es que todavía leés, que todavía es posible contar con tu parpadeo perfecto: Nunca quise quedarme con tu abrigo, tan solo sostener con nostalgia alguna palabra en el filo de la distancia y del amor. Jamás habrá un olvido concluyente ni una luz tan despiadada como la luz de tus diciembres, clandestinos, ni la flor de mis abriles en los sueños del ocaso. Nunca quise quedarme con tu abrigo, agradezco tanto que ahora sea mío.