El desembarco de prosas embravecidas por algún delirio silencioso que atraviesa la luz, el punto de luz que olvidaste cubrir con las hojitas secas de aquella tarde. Yo te oía resplandecer
entre las aves de la galería oxidada, y el mundo volvía a girar
sin ejes
como una esfera verde de telgopor, perdida entre las mareas, mareas
de mar
sin mar
y sol. Hay ciertas soledades que acompañan a las melodías más hermosas,
hay ciertas melodías que irradian desiertos cercanos
y convierten mariposas en estrellas.