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Mostrando entradas de septiembre, 2010

zero

-> tu prosa escrita: el espacio desierto que siempre quise dibujar las barreras de cristal del desengaño y la filosa desventura de las heridas que quiebran al respirar cómo disfrazar, las dudas y las huellas el orgullo de abrazar tus sombras en silencios desconocidos y derramar la tinta de cada verso que me escribas por este espacio de minúsculas siluetas como espinas del violento despertar.

cantata

El también esperó sin oír el pulso de los sitios del mar podría jurar sobre las hojas el cierre de los soles y el ensueño . la lluvia aclara los desvaneceres más remotos: el filo del amanecer trasciende el día y las horas y las letras que lee sin decir que cae sin respirar la estrella de las tardes frente al humo de creer y regresar y quiebra y anuncia y desgarra su silencio.

Justificación.

Había momentos en los que iba a la estación. Días grises, ese octubre tuvo muchas tardes así. Versos que derramaban calma sobre la tierra fría, desde un rayo de luz desvirtuando cualquier signo de aquel murmullo. Entonces tenía que capturar cada instante, y supo que la realidad era en otros términos, bajo otro umbral. Que beber del olvido quizás no era para todos, quizás no era correcto, quizás no importaba tanto. Las madrugadas fueron eternas e infinitas, la palabra como señal de conexión entre las formas. Y los círculos... Navegar entre círculos hasta sentir en la garganta la presión del horizonte que juega a desvanecer y a existir, a ser sol, a ser noche. Líneas, siempre líneas, imperfectas, brillantes, inconclusas. En aquel tiempo existía una tendencia a reencarnar en cada piel y en cada verso, a dejar y transformar flores y nubes y silencios. En aquel tiempo las luces brillaban con el sol, las sombras eran extensión del ser, entrañable y pretencioso, como el filo de la melodía que...