hace algún tiempo oía y presentía aquel ruido no es un golpe, no es un instante de impacto es un detener constante un silencio que se filtra entre las grietas mismas de la piel incluso un añorar, un lamentarse por la ausencia de equipaje, por la proyección por la sensación de derrota del alma: volvemos a la aldea sin caballo ni escudero, volvemos porque perdimos, porque prometimos, porque no supimos hasta dónde entonces me quedo, a veces, con la niña de las cenizas esa que sabe no dormir porque su sol es amargo ni conoce un gusto diferente al del alcohol quemando su garganta ni sabe esperar ni someter al tiempo me quedo porque ni arrastrándome sobre mi propia baba podría ir más despacio ni con la calma natural de quien encuentra su espacio y su momento podría quererte en un ciclo perfecto porque aún así aún así respiro aunque sea entre la nada y es cierto que cada ola y cada marea y cada cristal de arena que se retira y aplaca la ilusión y cada imagen y cada sollozo y cada verso que me...