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Mostrando entradas de agosto, 2010

sombras de nada

Entre las cartas y el deseo, la inercia del despertar, la exposición sincera. Doce, doce líneas de quietud perpetua, de cristal-acuarela. Tu voz amanece para sonreír la miel del desvanecer interno. Una lágrima helada, suspendida de cualquier niebla en el espacio en que todo se detiene y quiebra sus formas, irrumpe senderos en la nada, sostiene la fuerza de sus ojos al filo del abismo, al filo de cada destello y cada letra y cada lluvia del invierno entre el humo que rodea el sabor ácido de la canción que desiste su belleza, belleza propia de la calidez imperfecta, de la sentencia escrita en cada grieta y cada línea. Bordes del eclipse. Entre las cartas y el deseo, la fotografía rasgada de las tardes del sol, y tu voz al comienzo del horizonte. Despierta la pausa en el anhelo por el mañana eterno, verso que pronuncia la hermosura de tus manos al mirarte, detrás del tiempo y de la arena, la costa emerge su postal en movimiento.

Agosto (no pierde el rastro)

Desgarra tu poesía. Línea a línea, corte a corte. Cada filo, cada pulso es una letra espesa que se derrama desde la respiración de tu piel tan pálida. Cada trazo completa el ciclo y el regreso será eterno o no será. Las voces son más reales cuando tu soledad destiñe atardeceres.

restos del diluvio pasan, pronto como un ínfimo cristal.

el deseo por la palabra y la conexión sobre la mesa, el sueño oculto que derrama sus aromas contados, contados tantas veces por los que cantan entre el vino y las sábanas de sus tardes grises. habría que caminar miles de desiertos antes de dar con la primera mirada, con el deseo o la palabra. y entonces no habrá oasis que nos salve. tenía los versos sobre el lienzo fresco, entrelazados como el amor y los abismos, las espinas que flotan sobre el rocío. la música cuestiona alguna imagen, las señales de la destrucción y sus letras gritadas sobre el cristal. hubo un sitio, en algún sueño, el rayo que adormece la canción.

Dije Todo y dije Siempre

El telón caerá anticipando el silencio, el suspiro, el éxtasis de la incertidumbre. El escenario donde se desgarra cada ruina bajo el filo de los rayos de tu sol ahogará en cenizas los versos que por cientos de amaneceres suplicaron la fundición de las cadenas oxidadas. La palabra como primer motor del desengaño: que lo poco que queda sea tuyo, y de mi no quede nada.