entonces la rosa en la cumbre de cada niebla el deseo de las sombras y el sendero ví los verdes impresionistas de tu lejano inverso como un juego que buscaba el más siniestro vuelo viviste los lunares de la ausencia helada entre las nubes del regreso intacto de perfección ensimismada y el infierno tan infesto y reflejado. inventé los versos del incierto vidrio porque creer es intoxicar el pulso y las luces, de tu mismo invierno dibujar escribir incendiar extraño en tus perplejos bailes y en tu calma en tu vida cruel y en tus danzas en tu abril fujaz y en tu alma impulsar y confiar a tu sur al ritmo de versos externos tenés inquietudes yo tengo un reloj y mil pinceles.