Se desprende, de cada círculo que se abre como infinito estilema de tus placeres espontáneos. El tiempo solo fue para oír el mar, el quiebre de los océanos en belleza sostenida por el espacio intransitable de los olvidos que se detienen Detiene su forma y se genera como pétalo de indefinida quietud los instantes disputan entre luces y bailes nunca eternos. Cómo, de qué absorta pero concreta manera se aspira la nostalgia suave mientras el ombligo de los crepúsculos abiertos libera mariposas de belleza lejana y perpetua A ver, cómo presenciar la música en las paredes mudas de grises precarios, si el universo fuma tu ciclotimia si filtros ni interludios El silencio más intenso como un silbido agudo desde la luna interior, coalición de anillos estelares. Fiebre helada, acidez del alma.