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música

Quien quiera que haya sido, fue real. La misma realidad de las cinco canciones vertiginosas del último día. Porque suelo recordar los finales, son como fantasmas de insomnio, como un reloj romano, como su imagen, digo, desenfocada, amarillenta. Como sus acordes naturales. Como su escenario vacío, sin líneas, ni aplausos, ni silencios. Cada estación es una nueva estructura, nuevos esquemas, cada verdad que olvido es un verso que jamás escribiré, una mirada, un beso desde el otro lado. Aún conservo ese libro en blanco, solía redescubrirnos al ver, el vacío que no es abismo sino el mismo arte renaciendo en un caos discontinuo. La diagonal, la intersección entre tanta búsqueda sin brújulas. Tanto huir hacia el nuevo colapso crepuscular. Como la eternidad muriendo en cada cristal de arena. Como los rayos del sol unificándose en alguna estrella del más acá.

Comentarios

  1. Envidio tu prosa.
    Realmente te envidio.

    Gracias por ver a mi estrella, es una de mis fotos favoritas, pero todos parecen ignorarla...

    Los finales nunca se olvidan, como los comienzos, también recorda eso.

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  2. No se olvida lo que no termina, y yo tambien tengo mi libro en blanco, aunque por ahora suelte el lapiz.

    Un abrazo...cosita.

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