Y desde hoy imaginar el tránsito de los océanos y las fronteras del tiempo.
Siempre las paredes azules de tu poesía
Siempre la mirada sostenida de tu pulso
Que este temor no se vuelva esfera.
Los abismos de tus capitales y las prisiones del destino.
La condena de ser, exactamente, lo que el otro necesita.
Siempre las paredes azules de tu poesía
Siempre la mirada sostenida de tu pulso
Que este temor no se vuelva esfera.
Los abismos de tus capitales y las prisiones del destino.
La condena de ser, exactamente, lo que el otro necesita.
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