Juré que esperar la lluvia, sentada sobre el suelo de la galería deteriorada, era inútil. Intenté convencerme porque nada va a pasar, nada va a pasar. Busqué adentrarme en la novela de tapas amarillas, de hojas opacas, de palabras perfectamente ubicadas, de capítulos desordenados. Quise no levantar la vista, no esforzarme demasiado en oír las gotas de lluvia desprenderse de la nube plateada que imagino está bajo la tela infinita. (No hay tal cosa)Pretendí no pretender. Establecer cada cuestión en el estante adecuado, como poesías medievales, como caracteres ornamentados, como los libros ordenados de tu biblioteca efímera.
Y te tuve, al menos un instante (de esos eternos), te ví, desde cerca, tan cerca, en la pared de allá, esa que se despintó hace años y tiene un par de rayas como talladas, grises. Pero no llueve, no llovió. Te veo en el esfuerzo por no levantar la vista del libro inválido de mis versos entre-corta-dos.
Todas las enumeraciones imaginables, todas desfilando por la casa, detrás de mi, que sigo en el suelo, pensando en cualquier cosa, pensando en que va a llover, en que necesito ese frío húmedo, ese reflejo vertiginoso del tiempo insinuándome las mil risas espontáneas. El diálogo, el idioma del verano próximo. La flor violeta llorando su primavera, cada primavera, nuestra.
Y te veo, pero no es justo, pero no es coherente, y se siente como el rayo de luz que se filtra por entre las maderitas de mi techo, el intenso rayo de luz, mediodía, luz de sol de mediodía, la estrella tan cerca.. fuego y aire. Y no levanto la vista, no sería capaz.. No quiero, ya no, basta de certezas absurdas. Y las dos palabras que atormentan cada instante de silencio, como si existiera esa pausa entre sílabas obtusas, como si en verdad nos detuviéramos, me detendría, el silencio, la pausa, las dos terribles palabras, el abrazo surrealista, las palabras, la pausa, el silencio, el abrazo, las palabras, silencio.
Nada va a pasar, nada va a pasar.
Y te tuve, al menos un instante (de esos eternos), te ví, desde cerca, tan cerca, en la pared de allá, esa que se despintó hace años y tiene un par de rayas como talladas, grises. Pero no llueve, no llovió. Te veo en el esfuerzo por no levantar la vista del libro inválido de mis versos entre-corta-dos.
Todas las enumeraciones imaginables, todas desfilando por la casa, detrás de mi, que sigo en el suelo, pensando en cualquier cosa, pensando en que va a llover, en que necesito ese frío húmedo, ese reflejo vertiginoso del tiempo insinuándome las mil risas espontáneas. El diálogo, el idioma del verano próximo. La flor violeta llorando su primavera, cada primavera, nuestra.
Y te veo, pero no es justo, pero no es coherente, y se siente como el rayo de luz que se filtra por entre las maderitas de mi techo, el intenso rayo de luz, mediodía, luz de sol de mediodía, la estrella tan cerca.. fuego y aire. Y no levanto la vista, no sería capaz.. No quiero, ya no, basta de certezas absurdas. Y las dos palabras que atormentan cada instante de silencio, como si existiera esa pausa entre sílabas obtusas, como si en verdad nos detuviéramos, me detendría, el silencio, la pausa, las dos terribles palabras, el abrazo surrealista, las palabras, la pausa, el silencio, el abrazo, las palabras, silencio.
Envidio tu prosa, no voy a cansarme de decirlo.
ResponderEliminarGracias por lo que me dijiste, en serio.
:)
Decís que nada va a pasar, como libre de expectativas, de ilusiones, de promesas por cumplir.
ResponderEliminarY así sólo queda sorprenderse, descubrir.
Y lo que pase, si pasa, será positivo.
Y eso está muy bueno.
Saludos, nena.
mmm... pretender no pretender, en algunas circunstancias algo curiosamente imposible....
ResponderEliminarsaludos a usted!! que ande muy bien...
aumenta mi tristeza pensar que solo yo te entiendo; voy a tratar de convencerme de que solo yo no te entiendo, mejor
ResponderEliminarun abrazo