En el vaivén de los desvelos, las luces y los bosques crujen al unísono. Tus cartas se han vuelto el sabor amargo, el mal sueño de las noches frías y la sombra gris de las mañanas húmedas.
No pierde la poesía ni el otoño denso, el espíritu no sabe de olvidos, aunque sí de dolores, grietas y mentiras.
entonces ahora puedo resumir, minimizar, clasificar a partir del permiso tácito de tu ausencia puedo decir que todo se reduce a un instante de debilidad puedo decir que redujiste nuestro amor a una línea imaginaria a un puente colgante entre tulipanes que ya no están clasificar los besos, las mentiras, los supuestos inventar cronologías, paralelismos, estigmas y olvidos hay un punto clave, fijo, innegociable - casi generado por la misma energía que me suplica - que me grita mis estamentos más profundos, que me recuerda desesperadamente entre los altibajos ese instante de debilidad me devolviste al sitio tan maravilloso de las luces y los desencuentros
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