y entonces condenado a tu soledad más absoluta
te reprimís entre las sábanas mordiéndote el labio
sangrándote las uñas
arrastrándote los versos
en un momento en que se quiebra el precipicio
en otro momento en que no quedan ni dudas ni
entonces escuchás
que hay un mundo que te enseñaron para que no grites ni te escondas
que el amor se abre entre vaivenes de espejos y ríos y destellos
que los vientos siempre indican dirección
que la dirección de las estrellas puede ser idéntica a un tornado
radiante y sencillo.
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