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acto poético

Leí tus superficies
dibujé las formas como siluetas
carbón de la sombra en degradé
A tiempo de pausas y ritmo de latidos
A tiempo de encuentros
al no-rigor y silencios múltiples
Ambigüedad clandestina de voces al desnudo
Azul efímero de ilusión interpretada,
de cósmico desengaño.

Cuento tus palabras,
cada letra como belleza inoportuna
límite feroz de poesía premeditada.

Comentarios

  1. Como no ser, efimero y complicado? Todo, todo el tiempo.

    Contá por kilo, como el arroz.

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  2. Instante de un descubrimiento que alentado por las circunstancias del desvarío forman un complejo sistema terrenal para inquietarte, trasportando la sustancia inexorable (el Destino) en este desierto que es la tierra.

    Intento de antónimos de la palabra olvido, que si recuerdas, te dije, sólo es una más entre otras tantas. Dímelo tu que sabes que mi mano dibujó tu secreto en la arena de tus palmas.

    Amo del aire, ruego de agua, sismo o torbellino sin catástrofe, hermana casta en la voluptuosidad de lo engendrado y entonces amante.

    Creas la escritura de tu nombre,
    un castillo de naipes, y en todas las cartas grabado el estandarte de tu alta casa. Hendidura de tu cintura donde el (des)equilibrio de mis labios se posó para herirte de distancia, para congregarte a una excursión por las murallas que guardan lo que siempre calla, lo que nunca muere. Sabio erotismo a favor de la suerte.

    Configurar el estallido de amalgamas misteriosas es el perdón que merecen nuestros deseantes. Los salvajes que se pierden en el corazón de las imperfecciones de todos los estilos; o sea, de las casualidades.

    Socavar la mirada nula, neutralizada de la imaginación hasta convertirla en turbio espectro de cualquier cuerpo nuestro.

    Te miro.
    No desapareces...es tu poder que tienta mi ambición de cíclope, de dragón.

    Lejanía de observatorio que no vigila, porque nada teme de la ciencia, del cosmos, o las heridas naturales de la espina, y por eso se entrega a una constelación que en realidad es un antro de suspiros, que al mover las luces, en juego de sombras tientan a pensar que se parecen a mi rostro.
    Si miras bien verás que estoy sonriendo. Aquí no existe mascarada.

    Módulo plenilunio de amarillo en luna de ámbar. Tu también te ríes.
    No existe mascarada.


    Ciclo al regreso del ciclo de la transgresión de cualquier significado fuera del clamor de esta batalla por un deseo, por un descubrirse constante.

    Palabra a palabra el camino acentúa la pendiente, oleaje meandro del sentido que nos es inmediato resolver. Inhóspito equilibrio dentro y fuera de esta máquina del tiempo configurada para un acto poético, fabricada sobre el hambre que es tu cuerpo o al servicio del juego cuando escribo recreándote para amarte sin obstáculos.

    Engranajes hacia el nexo que nos revelará las directrices anatómicas del placer más inquietante.
    En la batalla que nombramos nuestra y en la que me es indispensable volver, como el horizonte, como el esclavo y como el rey.

    Compañera de todo, vas haciendo el sendero de este peregrino; me proclamas ante las puertas para remontarme en tus huellas. Perfecto camino para no volver, para no volver. Imagen de la semejanza, éxtasis en la fe.
    Imagen toda de una proclama a la que me refiero toda mañana, toda noche, que te espero.

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