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será la herida de París

hace algún tiempo oía y presentía aquel ruido
no es un golpe, no es un instante de impacto
es un detener constante
un silencio que se filtra entre las grietas mismas de la piel
incluso un añorar, un lamentarse
por la ausencia de equipaje, por la proyección
por la sensación de derrota del alma:

volvemos a la aldea sin caballo ni escudero,
volvemos porque perdimos, porque prometimos, porque no supimos hasta dónde
entonces me quedo, a veces, con la niña de las cenizas
esa que sabe no dormir porque su sol es amargo
ni conoce un gusto diferente al del alcohol quemando su garganta
ni sabe esperar ni someter al tiempo

me quedo porque ni arrastrándome sobre mi propia baba podría ir más despacio
ni con la calma natural de quien encuentra su espacio y su momento
podría quererte en un ciclo perfecto porque aún así
aún así respiro
aunque sea entre la nada

y es cierto que cada ola y cada marea y cada cristal de arena que se retira
y aplaca la ilusión
y cada imagen y cada sollozo y cada verso que me dedicás en tu silencio
y de nuevo cada imagen cada imagen cada imagen
atrapa al perdón entre sus redes como siempre
me enlaza en un vaivén de muertes espontáneas.

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